
En las siguientes palabras con tristeza y decepción, voy a comentar la funesta situación del programa de economía en la Universidad del Tolima.
La herencia Monteleagruna
Lo más nefasto de la administración de Carlos Montealegre en la FACEA, no fue que hiciera asados y fiestas de 15 millones con dineros de la Facultad, ni que incrementara sus ingresos en más de 70 millones por los cursos que dictó en posgrado mientras que era decano, tampoco fue su negativa ante las peticiones de los estudiantes por una rendición de cuentas, lo más nefasto de esa administración, es la herencia que parece imborrable en algunos miembros de la Facultad.
El hecho de no tener decano durante 2017 y parte del 2018, hizo que algunos profesores de economía se soñaran en el puesto, entonces empezaron a impartir reformas, a contratar a dedo y a desconocer la democracia universitaria. Los anteriores hechos trajeron sus consecuencias: profesores que no daban clase, profesores que atropellaban a sus estudiantes y otros acosando estudiantes féminas y no pasaba nada. Ha sido tan dañina la herencia monteleagruna como la he llamado, que hoy en economía reina la avaricia, la negligencia y el autoritarismo.
El orgullo, la mediocridad y la hegemonía
Algunos gurus trabajan por la calidad del programa, el problema es que no saben que es calidad, lo han ajustado al más reducido y simplista concepto mercantil, al tal punto, de vulgarizar la educación, pero eso no se menciona porque ni siquiera se hace el debate abierto, el orgullo no los deja.
El programa lleva casi 3 años sin realizar ningún evento académico con la excusa de la falta de presupuesto, se eliminaron las prácticas de todas las materias, y han desparecido los semilleros y solo queda uno agonizando, pero eso no es importante, lo importante es acreditar el programa en “alta calidad”.
A parte del orgullo de no reconocer al estudiante como interlocutor válido, y la pereza de llevar propuestas con soluciones verdaderas, se han desplegado acciones arbitrarias, ejemplo claro, el Acuerdo sobre las opciones de grado, que no basta con ser un documento mal elaborado, contradictorio y vacío, sino que, este se redactó a espaldas de los estudiantes, y se sostiene por la fuerza con la calumniosa defensa de la “legalidad”, virtud que no se defendió en el pasado.
Resultado de la inconformidad generalizada y de la presión continua de la MERE, se logró una Mesa de Trabajo, pero esta mesa que es de trabajo, los únicos que trabajan son los estudiantes, pues en 4 reuniones el único documento elaborado es el propuesto por estudiantes, ni docentes ni directivos han escrito nada.
El estudiantado
Lastimosamente al programa llegan estudiantes que solo buscan el diploma, y en su afán por obtener el pedazo de papel incurren en toda clase de antivalores: fraude, corrupción, plagio, mentira, traición etc. Por eso no es extraño que de 45 afectados por el Acuerdo 302, solo hayan 6 tratando de hacer el cambio, el resto, prefiere arrodillarse y rogar para que algún profesor le asesore el trabajo de grado, tampoco es extraño que haya estudiantes traidores acusando y llevando rumores de sus compañeros para sacar ventaja en las notas, todos estos comportamientos miserables son el reflejo del país en el que vivimos.
El resultado de esta desventurada historia, es que la FACEA el día de hoy haya sido cerrada, y más allá de ese acto simbólico, es la actitud reacia de quienes provocaron el problema para sentarse a negociar, probablemente las puertas continúen así, y es que no tiene sentido, sentarse a dialogar con quienes no tienen en cuenta nuestras voces.
Yussehin Perdomo Andrade