Germán Augusto Campos Ortiz

Los intentos de explicar el por qué a un gran número de países se les considera países subdesarrollados no es un tema reciente, pues desde que la economía del desarrollo se “separó” de la corriente económica tradicional —e incluso antes— han surgido múltiples teorías, consideraciones o nociones acerca de las condiciones de pobreza, desempleo, estancamiento, inestabilidad, infraestructura, y todos los problemas sociales que de la economía dependen y que han tenido e incluso aún tienen estos países. Querer analizar el subdesarrollo de Colombia, un país latinoamericano extremadamente rico en recursos naturales y con una condición geográfica envidiable pero con cientos de problemas sociales y económicos, requiere de un estudio de múltiples factores a lo largo de su historia, por lo que en aras de tomar un camino más accesible en cuanto a la información, en este ensayo se analizará las causas del subdesarrollo colombiano en el contexto del siglo XX con base a las ideas principales de la escuela estructuralista del desarrollo, la cual se puede considerar como la escuela latinoamericana insignia en la economía política del desarrollo. Cabe considerar que el análisis irá hasta el debilitamiento del estructuralismo en los años 80, sin considerar el renacimiento de esta escuela a partir de los 90 en lo que se llamó “neoestructuralismo”.
El subdesarrollo como teoría fundamentada aparece por primera vez en el mundo económico tras el fin de las dos grandes guerras mundiales, pues en tiempos de paz, las discusiones globales dejan de centrarse en el contexto Europeo y Norteamericano y se desplazan hacia aquellos territorios poco relevantes en la historia de la economía mundial pero que empezaban a ser vistos como piezas fundamentales para el nuevo orden y sistema económico mundial. A raíz de lo anterior, un gran número de escuelas económicas y pensadores—no necesariamente economistas— empezaron a estudiar las condiciones económicas, políticas y sociales de los países africanos, latinos y gran parte del continente asiático, a los cuales se les otorgó la característica de países subdesarrollados, aun cuando las definiciones de subdesarrollo se diferenciaban en cada escuela; por lo que en el seno latinoamericano nace a finales de los años cuarenta la escuela estructuralista del desarrollo con el propósito de estudiar la estructura del subdesarrollo de los países latinos y posteriormente contribuir en los procesos en vía al desarrollo de los mismos , cabe considerar que esta escuela en gran medida fue impulsada por el pensamiento de la comisión económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Iniciando este estudio desde el análisis centro-periferia, “Raúl Prebisch (1949, 1950 y 1951), partiendo de su crítica a la teoría neoclásica del comercio internacional […] elaboró desde la CEPAL el modelo centro-periferia, sobre el que descansa el grueso de la teoría estructuralista del desarrollo.” (Hidalgo, 2011, pág. 293). Este modelo centro-periferia se basa en la existencia de dos regiones en el mundo con abismales diferencias, una región central desarrollada productora de bienes de capital y bienes de medio-alto valor agregado y una región periférica productora de bienes primarios—en su mayoría de bajo valor agregado—, en donde los problemas sociales y económicos abundan . Esta dicotomía regional según Kay (1991) se habían originado a partir de la revolución industrial cuando la tecnología y el progreso técnico llegó a beneficiar a un grupo limitado de países—el centro— que utilizaron estas tecnologías en la composición de un sector industrial bastante fuerte que posibilitó la difusión de las innovaciones tecnológicas en la mayor parte de los sectores de sus economías, sin embargo, existen otro grupo de países—la periferia— en donde la tecnología no llegó a beneficiar sus industrias y por ende tuvieron que importar tecnología pero básicamente para la composición de un sector primario exportador de bajo valor agregado (pág. 3). De acuerdo a lo anterior, el diseño desigual del mundo económico, en donde los países subdesarrollados se vieron casi que obligados a la producción de bienes primarios fue considerado por varios de los autores Cepalinos en cabeza de Prebish como una teoría de la dependencia, según esta concepción, los países latinoamericanos y por ende, Colombia, se encuentran en esta región periférica y de alta dependencia hacia la producción de bienes primarios, noción que se comprueba para el contexto colombiano del siglo XX, en donde Colombia era un país de muy baja productividad en gran medida por la escasez de tecnología en el país, y las pocas innovaciones tecnológicas llegaban a un sector exportador limitado y primario, dicho sector era claramente el sector cafetero que hacia los años 50 representaba el 78% del total de las exportaciones colombianas, seguido de un sector minero creciente por los inicios en la producción de petróleo con un 15,83% de participación. De este modo, según Kay (1991), quien está de acuerdo con la opinión de la Cepal , “el comercio internacional no sólo perpetúa la asimetría entre el centro y la periferia sino que también la profundiza” (pág. 3); y entonces ¿Por qué el comercio internacional profundiza la condición periférica colombiana?, la respuesta nos la da Prebish, quien es citado por Bielschowsky, al considerar la existencia de una asimetría o diferencia entre la demanda del centro por bienes primarios producidos en la periferia y la demanda de la periferia por bienes de capital o industriales producidos en el centro (Bielschowsky, 2009, pág. 176); Claramente esta idea sugiere que la demanda por bienes industriales tiende a ser más grande que la demanda por bienes primarios, lo que genera un deterioro de la balanza de pagos de los países que como Colombia producían bienes primarios. Gracias a esta asimetría, en mitades del siglo XX apareció en las ideas de Prebish la concepción del deterioro de los términos de intercambio para los países periféricos, la cual buscaba arremeter contra la concepción de la corriente dominante que atribuía al comercio internacional como un sistema asignador de beneficios óptimos, la principal evidencia la generó Prebish, en palabras de Briceño, Quintero y Ruiz afirmando que
En los años treinta [del siglo XX], sólo podía comprarse el 63 por ciento de los productos finales de la industria que se compraban en los años sesenta del siglo pasado [siglo XIX], con la misma cantidad de productos primarios; o sea que se necesitaba en término medio el 58.6 por ciento más de productos primarios para comprar la misma cantidad de artículos finales de la industria (Prebisch, 1986, pág. 482 citado en Briceño, Quintero & Ruiz, 2013, pág.6)
Dicho deterioro de los términos de intercambio producía que países como Colombia salieran perdiendo en el comercio internacional, pues siendo así, los precios de las importaciones tenderían a ser más altos que los precios de las exportaciones; si se analiza que a finales del siglo XIX y en parte del siglo XX más del 60% de las exportaciones Colombianas se concentraban en Café –esta situación no empezó a reducirse sino hasta a partir de los años 70 del siglo XX– y ante la ausencia de datos confiables sobre el precio de las importaciones y la volatilidad del precio internacional del café , se podría intuir que si bien se exportaba mucho café, este producto no tenía un precio alto en comparación a los precios de los bienes de capital que se importaban, por lo que se podría pensar que durante gran parte del periodo mencionado anteriormente, los términos de intercambio se encontraban en una situación de deterioro. Y si lo anterior acontecía, las divisas que entraban al país eran muy reducidas, de tal forma que el comercio internacional no generaba un impacto grande y positivo en la economía nacional, pues las divisas no eran suficientes para que dentro de la economía se produjera un circulo virtuoso que favoreciera el aumento de la producción, la creación de empleos y el aumento de los ingresos de los colombianos.
Siguiendo con el análisis de la producción interna, para los estructuralistas la composición sectorial interna de los países periféricos tienen como característica la heterogeneidad estructural, “la heterogeneidad es la categoría conquistada a través de la descripción y comparación de la estructura económica del capitalismo central y del periférico, y constituye el carácter estructural determinante de las economías de los países en vías de desarrollo” (Nohlen & Sturm, 1982, pág. 55). El concepto de heterogeneidad parte de la idea que la estructura productiva de los países subdesarrollados es especializada en un solo sector o en unos pocos sectores, mientras que las economías centrales poseen economías en gran medida diversificadas en donde no es uno ni unos pocos los sectores que impulsan la economía, sino muchos, generando así una gran cantidad de beneficios para un gran número de empresas en distintos sectores propiciando buenos niveles de empleo (ParraPeña, 1979, pág. 1234 citado en Nohlen & Sturm, 1982, pág. 55). Para Colombia, en gran parte de todo el siglo XX, el sector industrial fue bastante rezagado por un sector agrícola y minero que en la época lideraba la economía colombiana, ocasionando así diferencias dentro de la composición de los sectores económicos, principalmente en cuestiones de tecnología, productividad, producción, salarios, entre otros; lo que a la larga causaba una composición desigual entre los sectores que en lugar de complementarse en aras del crecimiento económico, se dividían con la especialización de un solo sector que no era capaz por si solo de absorber la ilimitada oferta de mano de obra y de encontrar salida alguna hacia la superación de las condiciones de subdesarrollo periféricas (desempleo, informalidad, bajos salarios, reducida producción, entre otras).
De esta manera, tal como asegura Hidalgo (2011), para los estructuralistas
El fenómeno del subdesarrollo es un problema estructural que impide la expansión de los sectores que utilizan tecnología avanzada y, por tanto, la transformación de la composición de la producción, condenando a estos países a ser exportadores de productos primarios, cuyos precios reales se reducen a lo largo del tiempo con el consiguiente efecto de una reducida acumulación de capital. (pág. 292)
por lo que en un principio para la corriente estructuralista la solución a estos problemas del subdesarrollo se originaba por medio del proteccionismo y la sustitución de importaciones, “Prebisch favorecía la industrialización de la periferia pues él creía que ésta reduciría su vulnerabilidad frente a las crisis económicas mundiales, conduciría hacia mayores aumentos en la productividad y los ingresos y reduciría el desempleo” (Kay, 1991, pág. 5), esta forma de industrialización era la predilecta gracias a que permitiría proteger a la industria nacional naciente y así evitar pérdidas en el comercio internacional debido a la competencia. Este proceso de industrialización debía ser impulsado por el estado desviando los recursos por impuestos sobre el comercio hacia el sector industrial para así causar su expansión y en un mediano plazo mejorar las condiciones económicas y de vida de la población (Hidalgo, 2011, pág. 292). El inicio del modelo de sustitución de importaciones en Colombia se llevó a cabo tras el fin de las guerras mundiales con el propósito de afianzar las industrias de bienes de consumo protegiéndolas con grados altos de aranceles; posteriormente se intentó dar impulso a las industrias de bienes intermedios en los años 50 por medio de los ingresos provenientes de un sector cafetero que contaba con unos precios internacionales favorables y a unas tasas arancelarias —tal como lo aconsejado por los estructuralistas— moderadas pero crecientes para los años siguientes. Estas estrategias de industrialización hacia adentro conllevaron a un crecimiento del sector manufacturero en los años 50 del orden del 7,5% anual, muy superior al crecimiento de la economía de esa época. Ya en la década de los sesenta y a inicios de los 70 se intentó diversificar el aparato productivo colombiano hacia los bienes de papel, industria mecánica, productos químicos, entre otros, causando así una tasa de crecimiento anual de la industria en promedio del 6,4% (Ocampo, 1987). Si bien el crecimiento por sí solo no es capaz de generar desarrollo, el impacto de la inserción de la industria en la economía colombiana para estos años fue sobresaliente y ocasionó mejoramientos en los niveles de empleo, de pobreza, y de ingresos, aun cuando faltaba mucho por avanzar.
A pesar de que para la corriente estructuralista la industrialización por sustitución de importaciones representaba el mejor camino para salir del subdesarrollo, entre los años 60 y 70, esta concepción generó inquietudes por la poca eficacia que había tenido en algunos países de la región en lo que respecta a los niveles de empleo, la distribución de ingresos, las crisis cambiarias, entre otras, en gran medida causadas por un sector institucional débil. Lo que propició propuestas dentro de la misma escuela a favor de reformas institucionales, agrarias, fiscales, financieras, entre otras, las cuales se consideraban de vital importancia para impulsar y profundizar el desarrollo industrial en la región (Bielschowsky, 2009, pág. 176). Aunque en Colombia no fueron pocas las reformas que se desarrollaron en el siglo XX, fueron contadas las que generaron algún impacto positivo en el desarrollo colombiano, si bien se intentaba modificar el agro y la industria, estas reformas solo fueron pinceladas que resultaron siendo de poco efecto debido a que en primera instancia se necesitaba reformar las instituciones políticas en pro de la democracia y la eliminación de la corrupción, para así esperar que las reformas económicas fueran realizadas de tal forma que generaran un impacto en el progreso hacia el desarrollo económico y social del país.
Por su parte, en los 70, en un contexto mundial menos proteccionista, dentro de la corriente estructuralista se modificaron en algo las concepciones y “se propuso incentivar las exportaciones orientadas a los ámbitos regional y mundial, la expansión simultánea del mercado interno y la exportación de bienes industriales” (Bielschowsky, 2009, pág. 177), dicha propuesta fue acogida en el país por medio del plan Vallejo, un sistema cambiario de devaluación gota a gota, y el refuerzo de la promoción de exportaciones por medio de diferentes incentivos que en un corto y mediano plazo fueron medidas exitosas pero ante la ausencia de instituciones políticas y económicas fuertes, el sector industrial empezó a perder importancia a finales de los 70 y posteriormente ante la crisis de la deuda en los 80 el sector se debilita aún más y finalmente queda reducido, desprotegido, y en crisis.
En conclusión, el subdesarrollo colombiano visto desde las teorías estructuralistas se debe en grandes rasgos a la inserción del país en una región periférica que limitó al país a la producción de bienes primarios de bajo valor agregado y de poca demanda relativa mundial, producto de esta inserción y del comercio internacional, el deterioro de los términos de intercambio terminó empeorando las condiciones económicas y sociales del país que junto a una heterogeneidad estructural imposibilitaron que el país tuviera las suficientes condiciones de producción, empleo e ingresos que generara la reducción de los problemas sociales en el territorio colombiano . A pesar que el país aparentemente siguió la recomendación estructuralista del desarrollo industrial hacia adentro, posteriormente la promoción de exportaciones y de una apertura gradual e industrial, este proceso no fue suficiente para la mitigación de las condiciones del subdesarrollo, en buena medida por la ausencia de un marco institucional político y económico fuerte que permitiera la ejecución de políticas y reformas inclusivas en pro de las condiciones sociales y económicas de la población colombiana.
Bibliografía
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