El muro de Jean Paul Sartre

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Antes de morir me había matado un montón de veces, así de maravilloso es el pensamiento quien es capaz de recrear cientos de veces un suceso que solo ocurre una vez, y que después de allí no hay más nada, no hay después ni remordimiento.

Y es natural morir?, o que entendemos cómo natural?, la misma incomprensión de Pedro estando entre Tom y Juan, el mismo sentimiento que llevamos siempre y que algunas veces disimulamos relacionándonos con la manada o engañándonos así mismos tratando de ser felices.

Ese momento anterior a la muerte es quizás cuando más a juicio se llama a la razón, cuando se ponen en duda decisiones que definieron nuestras vidas, incluso decisiones que parecen tontas y que dejaron en el limbo la remota posibilidad de una realidad distinta, pensamos que todo aquello quedo incluso, porque nunca en nuestros planes esas historias tenían fin, eran eternas, éramos inmortales. Y que pensar de la vida “es una maldita mentira”, y que pensar del tiempo?, las horas no pasan para un muerto, le es indiferente, lo mismo que para la mayoría de personas de no ser por su esclavitud al reloj y a los “aclamados” deberes, el tiempo les seria inerte.

En cuanto a la lealtad hacia Gris, que pensar  de la muerte y los principios?, ser esclavo de los principios como afirmó Zapata, pero aquellos principios fueron creados por hombres de quienes huía, solo el deseo de morir concluyó, que después de todo fue la imaginacion quien mato a Pedro y fue esta misma la que logro su suerte, o más bien su salvación en una burlesca e irónica casualidad del destino.

 

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