
Para responder a la pregunta de ¿si existe un equilibrio en economía?, he dedicado un tiempo para relatar brevemente su recorrido histórico desde los primeros autores del siglo XVII hasta los matemáticos del siglo XX, esto con el fin de no llegar a una respuesta definitiva sino más bien mostrar al lector un pedazo del enorme panorama que exige aquella discusión. La noción del equilibrio en economía no es nuevo, se remonta a tan antiguos pensadores como Cantillon con su formulación de las interdependencias, también en Quesnay con su tablero económico, pero es en Smith donde la idea toma fuerza con la metáfora de la mano invisible, la idea original del equilibrio nace en la física mecánica de Newton en su afán de explicar algunos fenómenos naturales (equilibrio estático), y con el paso de los años se empieza hablar no solo fuerzas naturales sino de fuerzas sociales y equilibrio social a través de Montesquieu, estas ideas maduradas con ayuda del principio de Say (o ley de Say), convergen al equilibrio de mercado formulado por Smith, desde entonces ha sido el mercado la herramienta por excelencia que puede conducir al equilibrio. El rigor analítico ha sido alimentado por los principios de tributación de Ricardo, más exactamente por la ventaja comparativa y la equivalencia Ricardiana, continua la idea del equilibrio en los esquemas de reproducción de Marx, y logra permear todo el pensamiento clásico hasta llegar Mill, después de la primera mitad del siglo XIX el rigor matemático toma por asalto, y es cuando la escuela Lausana en cabeza de Leon Walras intenta matematizar la idea del equilibrio en economía, para ello es necesario tener claros dos principios: 1) la interdependencia general en el sistema económico; 2) El mercado como equilibrador entre oferta y demanda. Además el equilibrio se ocupa de tres categorías: 1) leyes del intercambio; 2) la producción de la riqueza; 3) los problemas de distribución. Walras para la primera aborda la física pura, para la segunda las ciencias sociales y para la última la filosofía, pero incluso bajo el profundo esquema matemático que sometio Walras al equilibrio nunca pudo escapar del uso de supuestos o “ficciones” para que este tuviese sentido, el proceso de Tatonnement requiere de un subastador, un empresario sisifo y una caja de pagos, para garantizar la optimalidad del mercado en la búsqueda del equilibrio, en el modelo de intercambio y producción se supone que el capital no se produce pues este dura para siempre, estos supuestos crean un marco normativo inmensamente abstracto y lejano de la realidad que resultan por generar problemas de aplicación. La tarea es continuada por Neumann que a través de desigualdades lineales presenta un modelo de equilibrio en tiempo discreto, este incluye un modelo de crecimiento multisectorial y de capital, donde se requieren tres supuestos: 1) el número de procesos no es menor al número de bienes; 2) retornos constantes a escala; 3) todo el excedente es acumulado. Como criterio de optimización Neumann toma la noción del punto de silla y un vector de intensidad de precios demuestra la existencia de un factor de crecimiento, para concluir que “la existencia del equilibrio general depende del punto de silla de la función de pago”, Neumman logra mostrar que existe el equilibrio y es estable, pero cabe aclarar que años después el mismo autor sugiere que duden de aquel postulado. Hasta este punto se entiende la importancia de la búsqueda del equilibrio económico una noción intuitiva que se origina desde los primeros pensadores y termina por discutirse al más alto nivel matemático del siglo XX.